Después de saborear mil sonrisas,
confirmo que ninguna posee tanta dulzura como la tuya,
esos perfectos y pequeños labios
dando esos perfectos grandes besos.
Quiero notar ese tacto recorriendo primero por mi espalda
y avanzando por hombros, brazos, manos y dedos,
y que se convierta en bucle.
Tú, la diosa de la dulzura.
Como un bonito algodón de azúcar.
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